
Tras cada Puerta
Capítulo 2: Vueltas y vueltas. La experiencia de cliente

Una operación de compraventa como ésta no se olvida.
Mis clientes estaban nerviosos porque al vender la casa debían dejar atrás parte de su historia, de sus ilusiones por comenzar una nueva vida en pareja, y sentían pena por ello.
Como os comentaba en el capítulo anterior, aquello resonó mucho en mi cabeza. Quería ayudarlos ya que me veía en su lugar y sufría de pensar que un día podría ser yo quien cerrara definitivamente la puerta de la que tantos años fue nuestro hogar.
Diseñé una herramienta práctica para ayudarles a ordenar todas las emociones que acompañaban aquel cambio y afrontar con más serenidad la nueva etapa.
Se trataba un pequeño cuaderno de auto ayuda con ejercicios y consejos prácticos para gestionar de la mejor manera su cambio.
Me asaltaban dudas, paso adelante y paso a atrás. Pero continuaba lo que había empezado.
Una vez impreso y encuadernado me gustó. No era perfecto, no era un libro de imprenta. Pero no buscaba eso. Lo necesitaba en ese mismo momento y no podía esperar a estar perfecto.
Todo preparado. Por fin llegó el día de la firma de arras y todo discurrió con calma y algo de nervios e ilusión. Pero ningún problema.
Las partes interesadas se conocieron en nuestra sala de reuniones de la oficina. Repasamos el contrato y se firmó.
Todos felices. Pero sentí un fuerte pellizco en el estómago en ese momento. Tenía planeado que antes de marcharse le entregaría el cuaderno que tantos desvelos me traía. La prueba de fuego. Había llegado la hora de entregarlo.
Al principio fue asombro y el cuaderno pasó de mano en mano. Recuerdo perfectamente el silencio que se hizo mientras lo hojeaban.

Nadie hablaba.
Solo iban pasando las páginas.
Yo intentaba adivinar en sus caras qué estarían pensando. Cada segundo de aquel silencio me parecía un minuto entero.
Fui explicando por encima en qué consistía y qué me llevó a crearlo.
Se emocionaron.
No sabía si lo usarían, si les resultaría de utilidad o acabaría en un cajón o en la basura, pero lo cierto es que dejó huella.
No obstante, el vendedor que aun sentía la pena por dejar atrás su casa donde había empezado su vida en pareja, me recordó que le seguía faltando algo para bordarlo.
-¿Tú podrías enviarme las fotos del anuncio de la venta de nuestra casa, para guardarlas de recuerdo vaya?
Entonces, irremediablemente se me escapó una sonrisa muy picarona, porque en eso también había pensado…, y me giré sobre mi asiento para buscar la otra parte de mi regalo.
No se trataba de mandarle las fotos y que las descargara del mail. Quería que tuviera un recuerdo material con el reportaje y una serie de carpetas relacionadas con su vivienda.
Y de ahí salió la segunda parte del regalo:
El pendrive personalizado

Estuve barajando diferentes modelos pero sin duda el que más encajaba con la imagen que yo quería transmitir y me identificaba era la madera. Encontré un diseño en varios tonos y elegí un modelo natural que venía en un estuche de madera a juego con bordes redondeados que permitía personalizar con el logo de mi marca personal. Solo encargué dos para hacer la prueba, pero sin duda después de ver el resultado repetiría.
Dentro les guardaba el reportaje de fotos, la documentación, la ficha catastral, nota simple, planos, etc relativos a la antigua vivienda. De esa manera todo estaría guardado en un mismo sitio para cuando quisieran recordarla.
He firmado muchas operaciones de compraventa y alquiler pero como ésta en concreto no recuerdo otra. Para mí fue un punto de inflexión en mi manera de entender el servicio inmobiliario. Conseguir una experiencia de cliente que no se olvide y lograr que se quede más que satisfecho con mi trabajo.
Salí eufórica, emocionada y por fin dormiría en paz. Pero nada más lejos de la realidad. Mi cabeza no podía parar de maquinar.
Nos quedaba la firma en notaría!!!
Nos vemos detrás de la siguiente puerta. La Notaría.
